Escribo estas líneas en el ecuador de nuestros sueños: la temporada 2007-08 llega casi al final de su primera mitad y con ella el proyecto “Siente la altura”, cuyo plazo de ejecución es de cinco temporadas (estamos en la tercera). El bagaje deportivo ha dibujado un mapa emocional en todos los que estamos involucrados en esta aventura y, de alguna manera, nos enriquece en la medida en que estamos construyendo algo definitivamente positivo para la sociedad. No hay más que ver las caras de los varios cientos de críos cuando tienen el balón en las manos; el baloncesto (masculino y femenino) que se ve en el Complejo Europa cada fin de semana es el de mayor nivel que ha habido nunca en Lorca; los dirigentes del proyecto aprenden de los errores y saben reaccionar con humildad y valor para hacer que esto siga delante de la mejor manera.
Pero hay algo que me ha llamado poderosamente la atención en este tiempo, algo que no estaba en los papeles cuando el proyecto se diseñó y que ahora es parte fundamental: me refiero a la peña Los Piltrafillas. La presencia de este grupo ha supuesto un verdadero empujón para nuestros jugadores minuto a minuto en cada partido. Son el rayo que no cesa, una energía que hace que los partidos de baloncesto parezcan eso, partidos de verdad. Han conseguido ganarse la admiración y el agradecimiento de los jugadores: su hermanamiento coincidió con la imparable racha de victorias que condujo a Llave Azul Eliocroca a Liga EBA la pasada temporada. La influencia de Los Piltrafillas era (es) tal que hoy no me atrevería a decir que el baloncesto es cosa de cinco. Ellos son el seis, …y también juegan. Su aportación a los buques insignia de nuestras plantillas es incalculable, y decir eso es decir ayudar al proyecto en su conjunto. A veces me pregunto qué pasaría si, tanto los que formamos parte del proyecto “Siente la altura” como los aficionados que acuden a los partidos, nos implicáramos con la misma entrega y compromiso que lo hacen Los Piltrafillas. La respuesta es bien sencilla: que conseguiríamos todo lo que nos propusiéramos. No habría dios que nos parara y podríamos tener el baloncesto que hasta el más atrevido pudiera soñar. Por eso Los Piltrafillas merecen un lugar de honor en las conquistas del proyecto y en los corazones de los que lo impulsaron. Si la próxima vez que os crucéis con alguno de ellos ya no veis un bombo y unas voces, sino personas que sueñan y, lo que es más importante, que hacen algo por conseguir sus sueños, no os limpiéis las gafas, no os frotéis los ojos, porque estaréis viendo la realidad. ¡Aúpa Piltrafillas! …os debemos tanto. |